Si Dios tuviera un escritorio, tu fotografía estaría en él.
Si Dios tuviera cartera, tu foto estaría en ella.
Él te envía flores cada primavera, y te manda un amanecer cada día.
Siempre que quieras hablar, Él está ahí para escucharte.
Él puede vivir en cualquier parte del universo, pero ha escogido tu corazón.
Acéptalo, Él te ama más que nadie.
Dios no te prometió días sin dolor, risa sin pena, ni días de sol sin lluvia; sin embargo, te prometió fuerza para cada día, alivio para tus lágrimas, y luz en tu camino.
¡No dejes pasar ni un día más sin decirle cuánto lo amas!
Y me he puesto a pensar, a soñar, a sentirme grande... Sabemos que el diámetro de la tierra, ese cinturón que la rodea, mide 12 mil 740 kilómetros. El cinturón de la luna es de tres mil 480 kilómetros, y el del «hermano sol» --como le decía el bueno de Francisco de Asís-- mide un millón 400 mil kilómetros. La tierra está a 150 millones de kilómetros de distancia de ese sol, que es una estrella mediana y de segunda generación en este gran universo. Esto quiere decir que si el campeón mundial, Alonso, mantuviera en su Renault los 350 kilómetros por hora, tardaría en llegar 50 años, y esto sin detenerse para nada, ni para comer ni para repostar.
La luz viaja a 300 mil kilómetros por segundo. Es decir, que ahora, si miro por una ventana o levanto mis ojos a una estrella, percibo la luz de hace ocho minutos, que es lo que tarda en viajar hasta nuestro planeta.
Nuestra galaxia, la Vía Láctea, se piensa que contiene 300 billones de estrellas. Y, por si fuera poco, otra galaxia, la más cercana, Andrómeda, está muy cerca, a tan sólo dos millones de años luz. Mide 125 mil años luz. La nuestra solamente cien mil años luz. Los astrónomos han calculado alrededor de 15 mil millones de galaxias. Y la distancia entre una y otra es como la de una isla a otra en medio del océano.
En la constelación de Orión hay una estrella supergigante azul. Se llama Rigel. Su cinturón, su diámetro, mide 20 millones de kilómetros y brilla con una luz propia equivalente a 40 mil soles como el nuestro. Pero hay otra mayor, otra estrella, una supergigante roja, llamada Betelgeuse, que tiene un diámetro de dos billones de kilómetros.
Por eso no dejo de mirar al cielo. ¡Qué pequeño y qué grande es el ser humano!
(Por Juan Pablo Ledesma, L.C. / Buenas Noticias )